Enunciado
La distancia media $a$ de un planeta al Sol, expresada en Unidades Astronómicas (UA), se puede calcular mediante la siguiente ecuación:
$$a = 0.4 + 0.3 \cdot 2^n$$
Donde $n$ es una secuencia de valores específicos asignados a cada planeta ordenado desde el Sol: $n = -\infty, 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 \dots$
Para entender por qué causó tanto furor en su época, mira lo bien que encajaban los números con los planetas conocidos en aquel entonces (y los que se descubrieron después):
\[ \begin{matrix} \text{Planeta / Objeto} & n & \text{Distancia Predicha (UA)} & \text{Distancia Real (UA)} \\ \text{Mercurio} & -\infty & 0.4 & 0.39 \\ \text{Venus} & 0 & 0.7 & 0.72 \\ \text{Tierra} & 1 & 1.0 & 1.00 \\ \text{Marte} & 2 & 1.6 & 1.52 \\ \text{(Vacío / Ceres)} & 3 & 2.8 & 2.77 \\ \text{Júpiter} & 4 & 5.2 & 5.20 \\ \text{Saturno} & 5 & 10.0 & 9.54 \\ \text{Urano} & 6 & 19.6 & 19.18 \\ \text{Neptuno} & 7 & 38.8 & 30.07 \end{matrix} \]
La Ley de Bode fue tratada como una verdad mística y matemática absoluta durante décadas por dos grandes razones:
- El hueco del 2.8: La ley predecía un planeta entre Marte y Júpiter que nadie veía. En 1801 se descubrió Ceres (y el cinturón de asteroides) exactamente a 2.77 UA. La ley tenía razón.
- El descubrimiento de Urano: William Herschel descubrió Urano en 1781 a unas 19.2 UA, encajando casi a la perfección con las 19.6 UA que dictaba la fórmula.
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